Ella. Ella era una joven, simple, autentica, traviesa y eso la llevaba a la aventura. Era tan natural, amaba la playa, lo tomaba como un lugar para encontrarse con ella misma. Le encantaba dibujar. Cada tarde que iba a la playa se quitaba los zapatos y caminaba por la orilla durante horas, sin pensar en ningún horario, nunca llevo reloj, siempre dejo que el viento y el sol le indiquen su horario.
Cuando encontraba un lugar para ella perfecto se paraba y dibujaba con su dedo.
Yo siempre la observaba cada tarde yo iba hacia la playa. Parecía ser tan dulce y delicada, su belleza de verdad encandilaba.
Una tarde de sol radiante, aquella muchacha me dice.
-Sabes siempre me costo terminar tu mirada, tiene algo que no termina de salir – Me dijo manteniendo su mirada en mi.
No tenia ni idea de que estaba hablando hasta que me tomo cuestión de minutos en darme cuenta, que su dibujo era el de un rostro de un hombre. Lucia una pequeña barba y una sonrisa esplendida, un rosto medio descuidado pero sin duda que era yo.
-¿Por qué me dibujas?- Le pregunte.
-Por la misma razón que tu escribes razones a las personas. Las haces feliz, moldeas la letra y el ritmo a tu gusto. Yo sin embargo cada dia que he venido aquí intente cambiarte. Te quitaba la barba, la aumentaba, te borrba esa sonrisa maravillosa que tenias que me irritaba tantos los días que eran demasiado tristes para esa sonrisa. Pero descubri que no puedo cambiarte, me he dado cuenta que me gustas tal cual como eres. ¿Tú me has escrito una canción?-
-Me es imposible escribir una canción para alguien que me importa y no saber si ella estará aquí para escucharla, no entiendo como dejas tu dibujos aquí y que el agua se los lleve, son como tus sueños-
-Mis sueños no están aquí en esta playa, seria incapaz de dejarlos aquí sueltos, pero tu prométeme que me escribiras una canción-
-Pero…
-Y yo te prometo que estare aquí mañana para escucharla-
